Entrevista a Iván Lorente, investigador de la Universitat de València
«Este debate es una cuestión de clase». La afirmación de Iván Lorente, sociólogo del proyecto
Kairos, rompe con la neutralidad aparente del debate sobre horarios escolares. Su investigación
doctoral demuestra algo incómodo: la extensión de la jornada continua en la Comunidad Valenciana
no es solo un asunto pedagógico, sino que está comprometiendo el derecho a la educación de los
niños más vulnerables.
Del uso del tiempo a la desigualdad educativa
Iván se incorporó al proyecto hace un año con un contrato predoctoral y se encarga de la dimensión
sociológica del estudio. Su herramienta principal son las encuestas diarias de empleo del tiempo,
siguiendo la metodología del Instituto Nacional de Estadística. Durante dos días entre semana y uno
del fin de semana, los estudiantes registran todas sus actividades en intervalos de 10 minutos: qué
hacen, con quién, dónde y qué nivel de satisfacción les genera.
«Lo que intentamos es codificar esas actividades. Cogemos los instrumentos del INE, asignamos
códigos y computamos los minutos dedicados a cada actividad», explica. El resultado es un mapa
detallado de cómo viven realmente los estudiantes según el tipo de jornada escolar de su centro.
El hallazgo más preocupante: el mercado educativo privado
Los primeros resultados que Iván ha analizado revelan un patrón inquietante. En los centros con
jornada continua, que concentran todas las clases por la mañana, aumentan significativamente los
minutos dedicados a actividades extraescolares privadas, clases de repaso y tareas autónomas. «Las
horas dedicadas a tareas, comparando entre jornada continua y jornada partida, son casi una hora
más. Son tareas que no se han podido hacer en clase y se trasladan al ámbito privado, con la ayuda
de padres que pueden ayudarte o pagarte clases extraescolares».
La pregunta que formula Iván es directa: «¿Puede ser que aquellas personas o clases sociales con
mayores desventajas económicas y educativas sean quienes pasen menos tiempo en la escuela? Es
decir, quienes requieren más apoyo educativo son quienes pueden pasar menos tiempo en la
escuela».
Además, los datos muestran diferencias significativas entre etapas educativas. En primaria todavía
hay presencia de actividades no tecnológicas como lectura, juegos o manualidades, mientras que en
secundaria se dispara el uso de pantallas. «Las tareas también aumentan mucho más en secundaria
que en primaria. Los datos nos lo indican, y la diferencia es estadísticamente significativa».
Una tesis sobre el derecho a la educación
La investigación doctoral de Iván se pregunta si la extensión casi acrítica de la jornada continua en
Valencia está comprometiendo el derecho a la educación. Su hipótesis señala que este modelo se ha
concentrado especialmente en colegios públicos de barrios socioeconómicamente vulnerables,
donde las votaciones para cambiar el horario no siempre cuentan con información rigurosa.
«Se crean las circunstancias perfectas para que las familias, desinformadas, voten a favor de la
jornada continua creyendo que es innovación educativa cuando puede ser un retroceso para la
calidad de vida y el aprendizaje de sus hijos». El problema, argumenta, es que todo lo que queda
fuera de la institución escolar es «la jungla, la desigualdad de nuestras sociedades, donde el gasto
familiar marca la diferencia».
Evidencia científica contra el sentido común
Cuando se le pregunta qué deberían hacer las escuelas si los resultados confirman que los horarios
actuales perjudican a los estudiantes, Iván es claro: «Lo que tratamos de aportar es evidencia
científica. Hacer ciencia ciudadana a partir de datos obtenidos de una investigación financiada con
dinero público. Acabar con el sentido común, con la desinformación y dar batalla científica contra
ciertos privilegios de clase media y media alta».
Su visión para el futuro educativo es contundente: «Se deben buscar unos horarios escolares que
vayan en contra de ese jet lag social, que faciliten ritmos de aprendizaje buenos, vinculados a las
necesidades fisiológicas de los niños y niñas y a sus necesidades sociales y económicas. No unos
horarios que favorezcan y perpetúen privilegios».
El trabajo de Iván Lorente en el proyecto Kairos demuestra que los horarios escolares no son una
cuestión técnica neutral: son un campo de batalla donde se juega la igualdad de oportunidades
educativas.