«La clave reside en las horas de descanso de los alumnos». Belén Catalán, psicopedagoga del proyecto Kairos, ha identificado cual podría ser el núcleo del problema educativo actual: no se trata solo de qué enseñamos o cómo lo enseñamos, sino de cuándo lo enseñamos y si los estudiantes están físicamente preparados para aprenderlo.

Diseñando la evaluación del aprendizaje

Desde el inicio del proyecto, Belén se ha encargado de los aspectos educativos y psicopedagógicos. Junto al equipo de psicólogas, seleccionó los instrumentos más adecuados para evaluar la atención y el rendimiento académico de los estudiantes, determinó qué variables serían importantes de medir y aplicó estas pruebas de forma adaptada según la edad de cada participante. «Resultados así no nos dicen nada, pero tenemos que interpretarlos, y ahí también apliqué mis conocimientos», explica.

¿Importa la hora de las matemáticas?

La pregunta que muchos docentes se hacen tiene una respuesta contundente según Belén: «Sí, en cualquier caso, sí«. Pero no es tan simple como decir que una hora es mejor que otra para todos. «A primera hora de la mañana los alumnos no están tan activos mentalmente ni a nivel atencional, pero también influye mucho la edad y el cronotipo del alumno.

Pero para un alumno de 14, 15 o 16 años, que están en plena adolescencia, las 8 u 8:30 de la mañana no es aconsejable para su rendimiento. » La gran mayoría de estos estudiantes no están nada activos a las 8 u 8:30 de la mañana. Y la asimilación de conocimientos matemáticos y de cualquier tipo no es óptima. No es óptima».

Su tesis: jet lag social y rendimiento académico

La investigación doctoral de Belén se centra en cómo afecta el jet lag social al rendimiento académico de los estudiantes. Para ello, correlaciona el factor del jet lag social con los resultados del BADyG (Batería de Aptitudes Diferenciales y Generales), las calificaciones escolares y las horas dedicadas a las tareas. «Ver si realmente la falta de sueño causada por el jet lag social afecta los resultados académicos, que ya les digo que sí«.

El papel de Daniel Gabaldón como traductor interdisciplinar

Trabajar en un equipo multidisciplinar con biólogos, psicólogos, sociólogos, nutricionistas, médicos y profesores no es sencillo. Belén destaca el papel crucial de Daniel Gabaldón, director del proyecto: «Es muy importante aquí el rol de Daniel, porque él es quien tiene contacto con todas y cada una de las personas del proyecto. Él obtiene todas las opiniones, todos los datos, y los traslada al resto del grupo de una manera más sencilla. Hace como un traductor».

Sin ese intercambio constante de ideas, datos y opiniones entre diferentes disciplinas, sería imposible hablar el mismo idioma y lograr una visión compartida del fenómeno que estudian.

Un llamado más allá de las aulas

Cuando se le pregunta si los profesores deberían recibir información sobre cronotipos y horarios, Belén va mucho más lejos: «No deben ser los profesores los encargados de trasladar ese conocimiento. Creo que debe hacerse desde un nivel mucho más alto, desde el ámbito sanitario primero quienes inicien programas informativos y formativos, y luego, si los profesores tienen conocimientos, mucho mejor».

Su argumento es potente: de la misma manera que desde el ámbito sanitario se ha conseguido que las familias sepan que los niños deben comer cinco piezas de fruta y verdura al día, debería inculcarse el conocimiento sobre horarios, cronotipos y horas de sueño. «Los profesores no son quienes crean los horarios escolares, es toda la comunidad educativa, desde los gobiernos hasta cada familia».

El consejo fundamental para familias y educadores

Belén es realista: «Hoy en día no se podrá modificar el horario educativo porque es algo muy difícil». Pero hay algo que sí pueden hacer las familias: comprender. «Es fundamental que tanto las familias como los propios niños comprendan los beneficios de seguir una rutina de sueño y lo perjudicial que es tener un déficit de sueño».

Su mensaje es especialmente importante para los adolescentes vespertinos: «Si un estudiante duerme todos los días a las 2 o 3 de la mañana y no a las 10 de la noche, no es porque quiera. Muchas veces es porque su cuerpo se lo pide. Y la razón por la que a las 8 de la mañana no se despiertan es la misma. Si tuvieran la información y comprendieran la situación, las cosas cambiarían».

El trabajo de Belén Catalán en el proyecto Kairos demuestra que mejorar la educación no pasa solo por cambiar métodos pedagógicos, sino por respetar los ritmos biológicos de quienes aprenden.